viernes, 16 de agosto de 2013

"POR CAPITAN Y TIMONEL, UN CORAZÓN"



 
“POR CAPITAN Y TIMONEL, UN CORAZÓN”

Luz María Sánchez Rovirosa

 

“Porque ese barco de papel, tiene aferrado a su timón por capitán y timonel, un corazón” Alberto Cortés.

Moviendo un poquito el timón para girar el rumbo, leí con curiosidad y asombro un artículo que el Arzobispo de Acapulco, Carlos Garfias Merlos publicó el domingo pasado en el periódico semanal de la Iglesia “Mar Adentro”.

Dicho artículo que encabeza como Timonel II, inicia con una frase muy llamativa que dice: “La iglesia que camina en Guerrero, necesita pastores que amen la pobreza y construyan la paz”.

En su texto, el arzobispo menciona que, en días pasados el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de desarrollo Social (Coneval), da un informe sobre las graves cifras de pobreza que existen en México, una fuerte realidad que no solo representa un reto y un desafío para las autoridades en turno, responsables (sin duda), de mejorar la situación por la que atravesamos, sino que también representa un fuerte llamado a la Iglesia, en concreto a los sacerdotes y obispos (Mejor dicho a los obispos y sacerdotes).
 

Monseñor Carlos incluye en su carta a todos los sacerdotes de Guerrero, y hace bien, porque hace falta que escuchen y asimilen las palabras que el Papa Francisco externó en su reunión con el Comité Organizador del CELAM (a propósito de la triste realidad de la pobreza que existe en nuestros pueblos y comunidades), que hablan de los pastores (de los hombres) que amen la pobreza, que no tengan “psicología de príncipes”; hombres austeros que no sean ambiciosos; pastores que sean capaces de velar por el rebaño que les ha sido confiado. “Hombres capaces de sostener con amor y paciencia los pasos de Dios en su pueblo”.
 

La carta muy relevante menciona también, que el sitio del obispo para estar con su pueblo es triple: siempre delante para indicar el camino, en medio para mantenerlo unido y neutralizar los desbandes, y detrás para evitar que alguno se quede rezagado, pero también y fundamentalmente, porque el rebaño mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos.
 

Y la remata con estas palabras textuales. “Queridos hermanos en el sacerdocio, no podemos ser indiferentes a esta realidad. La historia es el lugar teológico de Dios. La Iglesia que camina en el estado de Guerrero necesita pastores que amen la pobreza, interior y exterior. Revisemos nuestros estilos de vida, analicemos la relación con los bienes materiales. “El anuncio del Evangelio a los pobres nos exige una vida pobre, siguiendo a Jesús pobre (cf. Lc 6, 20; 9, 58) y anunciar el Evangelio de la Paz sin bolsa ni alforja, sin poner la confianza en el dinero ni en el poder de este mundo (cf. Lc 10, 4ss). La Iglesia, sacramento de reconciliación y de paz, desea que los discípulos misioneros de Cristo sean también, ahí donde se encuentren, constructores de paz”. Optemos por una vida sencilla, austera, reflejo de una profunda libertad y vida interior. Un estilo sencillo que sea signo del Reino y Construya la Paz. La riqueza, el poder y el bienestar egoísta son vana ilusión, no dejan nada al hombre, dividen y corrompen al hombre. Seamos testigos de aquello que realmente vale ante los ojos de Dios.
 

Tremendo desconcierto con semejantes palabras de vida. Dice el dicho que “hagas lo que dices y digas lo que haces”; porque para poder hacer una invitación de tal magnitud, primero hay que predicar con el ejemplo y la verdad con todo respeto, en el caso del arzobispo, su vida tiene de todo menos austeridad, humildad y pobreza. 
 

No es desconocido para muchas personas residentes de este puerto en este municipio, los selectos gustos del arzobispo, ni la selección de amistades con las que acostumbra tratar. Desde distinguidas personalidades de la sociedad y del Jet-Set, hasta “personajes” de las más altas élites de la política guerrerense. (No mencionaré sus visitas a la Concordia, porque precisamente esa es su obligación). 
 

Con refinados gustos terrenales (y marítimos), como los frecuentes paseos en yate (muchas veces acompañado de muchos de los sacerdotes a los que pide austeridad, pero los vuelca hacia esa vida, y no a la otra que pide su ministerio, o a la que se refiere en su carta); gusto por el gourmet y los buenos vinos; gusto por el confort que brinda la riqueza (material), pero no el confort que da la vida espiritual.
 

Una de las exigencias a las que el Evangelio (y los Papas) aluden en forma reiterada, es precisamente la evangelización de lo social, para vivir acordes con las exigencias del seguimiento de Jesús, que no es más que la solidaridad con los pobres. “Debes abrir tu mano al hermano, a aquel de los tuyos que es indigente y pobre en su tierra” (Dt 15, 7-11). 
 

Pero también hay otra clase de pobres, que son más pobres porque tienen en sus casas -el despojo de los pobres-, a esos por los cuales los pastores de la iglesia tienen que buscar la justicia. El Evangelio no pide que ayuden, sino que les devuelvan lo que les pertenece, partiendo de la dignidad de ser hijos de Dios, el verdadero Dios del Éxodo, el Dios de los pobres, no aquella imagen que quieren representar de Dios, a quien tanto invocan para calmar sus conciencias. 
 

Pero reflexionando, y sin parecer negativa o patética porque amo mí religión, rescato de todo este drama (que no crítica), la esperanza de que Monseñor Carlos Garfias aferre su corazón al timón, no el del yate de lujo, sino al de ese barco de papel que no se hundirá, para cambiar de rumbo desde la complejidad de la vida humana y la limitación propia del ser humano, y asuma su papel humilde, justo para predicar ante su grey amada, con el ejemplo. ¡Vale la pena reflexionarlo! 
 

P.D. Pero no perdiendo el rumbo, me gustaría preguntar a las autoridades ¿por qué están rompiendo por la gasolinera de Manzanillo (Pinzona) el concreto (carísimo) que acaban de poner con motivo del Acabús? ¿Por qué siempre los zapatos en las manos y los guantes en los pies?

"POR CAPITAN Y TIMONEL, UN CORAZÓN"



“POR CAPITAN Y TIMONEL, UN CORAZÓN”

Luz María Sánchez Rovirosa

 

“Porque ese barco de papel, tiene aferrado a su timón por capitán y timonel, un corazón” Alberto Cortés.

Moviendo un poquito el timón para girar el rumbo, leí con curiosidad y asombro un artículo que el Arzobispo de Acapulco, Carlos Garfias Merlos publicó el domingo pasado en el periódico semanal de la Iglesia “Mar Adentro”.

Dicho artículo que encabeza como Timonel II, inicia con una frase muy llamativa que dice: “La iglesia que camina en Guerrero, necesita pastores que amen la pobreza y construyan la paz”.

En su texto, el arzobispo menciona que, en días pasados el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de desarrollo Social (Coneval), da un informe sobre las graves cifras de pobreza que existen en México, una fuerte realidad que no solo representa un reto y un desafío para las autoridades en turno, responsables (sin duda), de mejorar la situación por la que atravesamos, sino que también representa un fuerte llamado a la Iglesia, en concreto a los sacerdotes y obispos (Mejor dicho a los obispos y sacerdotes).

 

Monseñor Carlos incluye en su carta a todos los sacerdotes de Guerrero, y hace bien, porque hace falta que escuchen y asimilen las palabras que el Papa Francisco externó en su reunión con el Comité Organizador del CELAM (a propósito de la triste realidad de la pobreza que existe en nuestros pueblos y comunidades), que hablan de los pastores (de los hombres) que amen la pobreza, que no tengan “psicología de príncipes”; hombres austeros que no sean ambiciosos; pastores que sean capaces de velar por el rebaño que les ha sido confiado. “Hombres capaces de sostener con amor y paciencia los pasos de Dios en su pueblo”.

La carta muy relevante menciona también, que el sitio del obispo para estar con su pueblo es triple: siempre delante para indicar el camino, en medio para mantenerlo unido y neutralizar los desbandes, y detrás para evitar que alguno se quede rezagado, pero también y fundamentalmente, porque el rebaño mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos.

 

Y la remata con estas palabras textuales. “Queridos hermanos en el sacerdocio, no podemos ser indiferentes a esta realidad. La historia es el lugar teológico de Dios. La Iglesia que camina en el estado de Guerrero necesita pastores que amen la pobreza, interior y exterior. Revisemos nuestros estilos de vida, analicemos la relación con los bienes materiales. “El anuncio del Evangelio a los pobres nos exige una vida pobre, siguiendo a Jesús pobre (cf. Lc 6, 20; 9, 58) y anunciar el Evangelio de la Paz sin bolsa ni alforja, sin poner la confianza en el dinero ni en el poder de este mundo (cf. Lc 10, 4ss). La Iglesia, sacramento de reconciliación y de paz, desea que los discípulos misioneros de Cristo sean también, ahí donde se encuentren, constructores de paz”. Optemos por una vida sencilla, austera, reflejo de una profunda libertad y vida interior. Un estilo sencillo que sea signo del Reino y Construya la Paz. La riqueza, el poder y el bienestar egoísta son vana ilusión, no dejan nada al hombre, dividen y corrompen al hombre. Seamos testigos de aquello que realmente vale ante los ojos de Dios.

 

Tremendo desconcierto con semejantes palabras de vida. Dice el dicho que “hagas lo que dices y digas lo que haces”; porque para poder hacer una invitación de tal magnitud, primero hay que predicar con el ejemplo y la verdad con todo respeto, en el caso del arzobispo, su vida tiene de todo menos austeridad, humildad y pobreza.

 

No es desconocido para muchas personas residentes de este puerto en este municipio, los selectos gustos del arzobispo, ni la selección de amistades con las que acostumbra tratar. Desde distinguidas personalidades de la sociedad y del Jet-Set, hasta “personajes” de las más altas élites de la política guerrerense. (No mencionaré sus visitas a la Concordia, porque precisamente esa es su obligación).

 

Con refinados gustos terrenales (y marítimos), como los frecuentes paseos en yate (muchas veces acompañado de muchos de los sacerdotes a los que pide austeridad, pero los vuelca hacia esa vida, y no a la otra que pide su ministerio, o a la que se refiere en su carta); gusto por el gourmet y los buenos vinos; gusto por el confort que brinda la riqueza (material), pero no el confort que da la vida espiritual.

 

Una de las exigencias a las que el Evangelio (y los Papas) aluden en forma reiterada, es precisamente la evangelización de lo social, para vivir acordes con las exigencias del seguimiento de Jesús, que no es más que la solidaridad con los pobres. “Debes abrir tu mano al hermano, a aquel de los tuyos que es indigente y pobre en su tierra” (Dt 15, 7-11).

 

Pero también hay otra clase de pobres, que son más pobres porque tienen en sus casas -el despojo de los pobres-, a esos por los cuales los pastores de la iglesia tienen que buscar la justicia. El Evangelio no pide que ayuden, sino que les devuelvan lo que les pertenece, partiendo de la dignidad de ser hijos de Dios, el verdadero Dios del Éxodo, el Dios de los pobres, no aquella imagen que quieren representar de Dios, a quien tanto invocan para calmar sus conciencias.

 

Pero reflexionando, y sin parecer negativa o patética porque amo mí religión, rescato de todo este drama (que no crítica), la esperanza de que Monseñor Carlos Garfias aferre su corazón al timón, no el del yate de lujo, sino al de ese barco de papel que no se hundirá, para cambiar de rumbo desde la complejidad de la vida humana y la limitación propia del ser humano, y asuma su papel humilde, justo para predicar ante su grey amada, con el ejemplo. ¡Vale la pena reflexionarlo!

 

P.D. Pero no perdiendo el rumbo, me gustaría preguntar a las autoridades ¿por qué están rompiendo por la gasolinera de Manzanillo (Pinzona) el concreto (carísimo) que acaban de poner con motivo del Acabús? ¿Por qué siempre los zapatos en las manos y los guantes en los pies?

sábado, 20 de julio de 2013

REFLEXIONANDO


 
 
REFLEXIONANDO

Luz María Sánchez Rovirosa

“Hoy es hoy y el ayer ya se fue. No hay duda. Hoy es también mañana, y yo me fui. Con algún año frío que se fue, se fue conmigo y me llevó aquel año….” Pablo Neruda.

 

Hoy es hoy, no cabe la menor duda, y el ayer se fue y es verdad como dice Pablo Neruda, a pesar de que nuestros ojos sigan viendo con ojos del pasado esta realidad presente. Hoy es hoy y el ayer se fue aunque no acabemos de darnos cuenta. Pero hoy es tiempo de leer con otros ánimos los nuevos tiempos. Hoy es hoy y el ayer se fue, pero no hay duda cuando nos despertamos cada mañana de la simple y eterna novedad que se sigue cumpliendo, el cotidiano pasar de las horas, los minutos, los días y los años.

Pero cada día al despertarnos, caemos en la cuenta de que este hoy es también mañana y cada mañana nos aproxima a un año más de vida, escenario de una nueva oportunidad de ser y de hacer juntos. Hoy es hoy pero este día al igual que muchos, serán siempre el preámbulo de un mañana.

Pero ¿Qué hay de nuevo en este nuevo día que se avecina? ¿Qué hay de cambio en este cambio de horas? ¿Cómo vivir en un mundo que cambia día a día?

¿Cómo podemos iniciar un nuevo día, una nueva semana, un nuevo mes, un nuevo año, mirando alrededor del caos que constituyen los miles de cambios vertiginosos sin un rumbo específico que nos indique que sí existe un futuro promisorio para los seres humanos, para vencer ese sueño de los vencidos?

¿Se puede hablar de un cambio en medio de esta confusión? Hasta este momento tal parece que no habrá un tiempo distinto a este eterno presente que nos envuelve y que nos llena de una prisa absurda, que es simple y curiosamente una inmovilidad desgastante, una indiferencia social que va matando en vida a todo aquel que se contagia.

Este consentimiento, este beneplácito crónico de un destino que construyeron con nuestro permiso otros, y que al fin es un destino no deseado; sino que es producto de una herencia de generación en generación que sin duda ha permeado en nuestra vida. Esta aceptación de lo que venga y lo que sea, ese sinsentido de pasar por alto la corrupción, la impunidad, la tortura, la violación sistemática de los derechos humanos y de la injusticia social.

No es pesimismo, es la tristeza que da ser testigos como al surgir cualquier rebelión (manifestación) de unos pocos; sea la misma sociedad permisiva, quien los señale y castigue, mucho antes y con más saña que el mismo gobierno, que las leyes, sin que en los demás de los demás quepa el asombro. ¿De qué manera tenemos que actuar como sociedad para entrar de verdad a un mundo nuevo, a un “gobierno nuevo”?

¿Qué tendremos que hacer para vencer la pasividad y la pérdida de la capacidad de asombro, ante la destrucción paulatina y sistemática de nuestra “madre tierra”, de nuestro legado cultural e histórico, ante la imposición del poder y la falta de un verdadero Estado de derecho, ante la mala costumbre de resolver las cosas fácilmente y sin molestia, sin importar los medios? (Mordidas)

Busquemos practicar la felicidad y la paz, a pesar de este entorno que desalienta, busquemos mantener la esperanza en este tiempo de desesperación; busquemos el sentido a lo que hacemos, busquemos la justicia; pero sobre todo, busquemos el rumbo de esta historia que no tiene rumbo.

Vivimos tiempos desequilibrados y fragmentados de una forma desigual, que exigen pruebas  que no suenen a utopías inalcanzables, o a demagogia política. Necesitamos ser partícipes en las propuestas de transformación y del bienestar común. Vale la pena intentarlo, los intentos siempre sirven de algo cuando hay una meta que perseguir, cuando tenemos la convicción de que esta situación tan triste que hoy vivimos en México, puede y debe transformarse, con la fe de que la sociedad puede y debe humanizarse, cuando emprendamos el camino a pesar de las dificultades, y a pesar de que tantas veces pensemos que todo va a seguir igual.

Pero hoy es hoy, y sin duda seguirá siendo el avance de un pasado que se preparó a través de los años con mucha injusticia social, ese destino que desafortunadamente otros construyeron para nosotros, y que hoy, tenemos que repararlo y prepararlo para un mañana, limpio e iluminado para los que vienen detrás. ¡Vale la pena reflexionarlo!

 

martes, 16 de julio de 2013

DEJA-VU


DEJA-VU

Luz María Sánchez Rovirosa

“Ya no sé si vote por el cambio o por el compromiso, por el compromiso o por el cambio, por el compromiso por el compromiso, o por el cambio por el cambio” Gebhart.

Deja-Vu (ya visto), es la extraña sensación de experimentar una situación que ya vivimos alguna vez. Es una alteración de la memoria por la cual el sujeto cree recordar situaciones que no han ocurrido, o modifica algunas circunstancias de aquellas que ya se han producido

Aproximadamente un 80 por ciento de las personas, ha tenido alguna vez la sensación de estar viviendo una experiencia anterior. También la mayoría de los seres humanos que la sienten, puede describir un sobresalto que los invade.

Los hechos que se viven son reconocidos inmediatamente; sin embargo, a pesar de que es algo conocido o familiar, resulta inquietante, ya que en -este suceso-, se  rompe el orden cronológico que estamos acostumbrados seguir, y así de repente, el presente se transforma en pasado, o mucho más grave aún, en un futuro no vivido, pero de alguna manera recordado.

Pero ¿por qué tocar este enigmático fenómeno de paramnesia para hablar de política? Sencillamente porque día a día ya desde hace mucho tiempo, el Deja-Vu es un fenómeno cotidiano en el presente de México, es decir, lo que sucedió en el pasado y lo que pasará en el futuro aparece (como un terrible presentimiento), de lo que nos está deparando y nos deparará (con toda certeza) el destino para el país, con el PRI nuevamente en el poder.

En un fugaz repaso por la historia, desde que el presidente Plutarco Elías Calles formó el Partido Nacional Revolucionario (PNR) en 1929 para fusionar todas las organizaciones políticas con la intención de darle estabilidad a México, en ese instante y posteriormente con las siglas (hasta hoy) del PRI, sus militantes (durante más de 70 años), se dedicaron a estrangular al país, en aras del poder absoluto y del dinero absoluto, fomentando la corrupción, la impunidad, la violencia, la desigualdad, el desorden, los abusos, el autoritarismo, la injusticia, etcétera, en lugar -de aquella estabilidad y del progreso- que hoy descaradamente nos vuelven a ofrecer, y en el que tristemente mucha gente vuelve a creer.

Fue hasta el año 2000 (nuevo siglo), siendo aún el presidente Ernesto Zedillo, quien por cierto en su toma de posesión anunció una –sana distancia- con su partido (que ha mantenido hasta hoy), que el PRI sale de Los Pinos ante la unión y el clamor ciudadano, dejando a su espalda más de 70 años, en los cuales México se fue resbalando hasta el fondo sin poderlo (o quererlo) detener; aun cuando Peña Nieto en su ficticia campaña y su incipiente gestión, ha reiterado millones de veces (como justificación), que al PRI siempre se le señalan sus errores, más nunca sus aciertos.

Pero aquí valdría la pena preguntar ¿cómo podríamos hacerlo (señalar sus aciertos) si ese partido que estuvo más de 70 años en el poder, es decir, tiempo de sobra para mejorar los problemas que nos aquejaban no lo hizo, por el contrario los fue aumentando y agravando conforme los años pasaban y la ambición crecía?

Hoy inmersos ya en el –retorno de los brujos-, aterrados vemos (los que no estamos voluntariamente ciegos), a un PRI con Peña Nieto en su mimetización de un satanás ignorante, clon del clan Atlacomulco (al que pertenece), sin disimular su interés que no es otro, que obtener el -poder absoluto-, únicamente para beneficio de los intereses de -su grupo-, dejando de lado, como siempre a México. Definitivamente esta triste realidad, la podemos experimentar como un verdadero Deja-Vu, en nuestras atribuladas experiencias de vida gobernadas por el PRI.

¿Qué problema tan serio tiene el pueblo de México que no se ubica? ¿Un nuevo PRI? Con el cinismo que los caracteriza, señalan a los del PAN de estar enfermos de la vista y sólo ver del 2000 para atrás, y del 2012 para adelante. –Por los viejos brujos del monte-, sin defender al PAN (porque es imposible), el PRI además de ladrones, psicóticos, esquizofrénicos, ciegos, son amnésicos, ya no se acuerdan que fue el PRI el promotor, el beneficiario, el certificador, legitimador, autorizador, etcétera del robo número dos más grande que ha sufrido México en toda su historia (después de que otro orate le vendió la mitad de nuestro territorio a los gringos), atraco fundamentado en el FOBAPROA? Deja-Vu de los escándalos, porque ya vamos por el tercero con PEMEX.

O acaso no fue el PRI, durante trágicos setenta y tantos años una fiera voraz  que con sus fauces se dedicó a desangrar este país. No podrán los necios ciudadanos recordar al “gober precioso”  y pederasta Mario Marín en Puebla. Fidel Herrera, papi del crimen organizado en el estado de Veracruz. Ulises Ruíz represor y saqueador de Oaxaca. O Humberto Moreira en Coahuila (desvío de recursos, lavado de dinero, narcotráfico y demás yerbas); y a quien en premio lo nombraron secretario general del PRI, hasta que le hizo estorbo a Peña Nieto y lo mandaron –con beca de lujo- a Barcelona. Y así, una interminable lista de pillos como Romero Deschamps y Andrés Granier y la repudiada y divorciada del tricolor, Elba Esther Gordillo (ave de mal agüero del corredor número 1). ¿Cómo creer en Peña Nieto y en el nuevo PRI? ¡Vale la pena reflexionarlo!